martes, 12 de febrero de 2008

Titulares con Tufillo y/o Horror Zapping




He estado notando en mi sistema de transmisión de imágenes a distancia, mediante las ondas hertzianas: MI tele –porque ya sufrimos la interrelación de pertenencia–, un extraño tufillo o ligero hedor en los Titulares de los Informativos y creo que debo comentárselos; aunque en una de ésas, sean sólo ideas mías.
El otro día escuché mientras me limaba las uñas: Homosexual gana la lotería. No entendí. Levanté la ceja perfectamente depilada y me pregunté extrañada: ¿Y? Osea que si mañana me toca La Primitiva saldría: Heterosexual gana la lotería. No me aporta nada ni a mí ni a la sociedad. No hace preguntarme nada, ni siquiera en qué me gastaría yo el dinero si hubiera sido la ganadora, porque el mal humor anula la imaginación –y eso que me encanta gastar. ¡Qué mal rato que pasé!–. Pensaba: ¿Los locutores no tienen la culpa y sólo leen? ¿Quién es el responsable? ¿El redactor, el director de Informativos o el dueño del kiosco? ¿O yo por preguntar demasiado? ¿Es el tiempo libre? No creo…
Me acordé de “El Juicio del Ecuatoriano Violador”. ¿Cuál es la utilidad de novelar como Corín Tellado los titulares? ¿Tenemos alguna predilección operática y culebrona hasta para escuchar una noticia? ¿Tanto les cuesta a los medios de comunicación el enganchar audiencia? ¿Horror Zapping? Como ejemplo esta perlita: “El Crimen de Cristina”. ¿Qué es eso? ¡Tiene que ser broma! Lean otra vez: “El Crimen de Cristina”. Tan a la ligera, qué irresponsabilidad. Así con la soltura y desparpajo como quien se quita un rulero de la cabeza. Para darles con el tacón aguja en el cerebro.
Regresando al dramón de “El Juicio del Ecuatoriano Violador”. ¿Y a mí qué me importa el violador sea ecuatoriano? ¿De qué nacionalidad era “El Asesino de la Baraja”? ¿Se informó sobre eso? No, o lo dijeron en “la publi” porque yo no me enteré. El recurso de “sólo durante la publi” ya ni siquiera es patético, es El Patetismo; recurrir a eso… vamos mal en mantener audiencia… E infaltable la música de suspense. Es hasta lindo, miren ustedes lo que me acabo de dar cuenta… ¡Qué fuerte! Y la información mediática de “El Asesino de La Baraja” sólo sirvió para que en la marcha contra la guerra de Irak se coreara: ¡Aznar te toca, el cinco de copas! Para ná más…
A mí me interesa saber qué paso, dónde, por qué no se previno, qué hay que hacer. Así deberíamos ser Las Cotillas de La Comunidad (léase en doble sentido). No que sea ecuatoriano. No importa ni aporta. Y no deberían ser usadas como adjetivación titular, digo yo, no sentencio –¡aunque me encantaría!–.
Retomando: Pongámonos en situación hipotética –todo puede pasar y lo peor es que pasa–: Si mañana, por elegir un día al azar, yo asesino a un europeo saldría: Peruana mata a Comunitario. Aquí yo más que preguntarme opino (sí, tengo derechos para opinar): Mínimo, que si llego a ser asesina –¡qué chaché da la palabrita!– me gustaría que ese terrible y dramático trance sea tratado con titulares como: Mujer desesperada se lanza de ático y aterriza sobre transeúnte llevándolo a la muerte o éste: Mujer envenena a su pareja por inhalación de acetona y pegamento de pestañas. Mínimo. Hasta toleraría ser conocida como La Asesina de la Acetona o La Pirada de La Pestaña. Lean este: Alas desde el Ático Dos. Suenan lindo.
Todos los informativos tratan las mismas noticias. Y los redactores eligen el surrealismo como único lenguaje. Es divertido verlos a la vez y diferenciar los titulares. Herencia de Berlanga, Buñuel y Dalí, eso seguro. También la competencia está en quién le da más morbo a la noticia. Convertir la noticia en acontecimiento social, los vecinos, son de pronto personajes públicos que se pelean por salir, sea en la boda, o en el entierro. Sus quince minutos de fama.
Es el caso de “El Crimen de Cristina”. Aquí sí me indigno bastante y pongo las manos en la cintura. ¿Cómo es posible, me pregunto yo, que no se haya detenido aún esta lacra social? No te jode… A la gente de a pie no le sirve saber sólo el cómo mataron a Cristina. Ni el morboso y fellinesco entierro televisado, ni los lutos ajenos y privados. Nos sirve quizá para conocer hasta dónde puede llegar la maldad del ser humano y cuestionar confianzas. Pero de ahí no nos aporta nada más. Necesitamos saber qué hacer. ¿Cuál es la solución? ¿Por qué el Mister President de turno utiliza su valioso tiempo en la populosa televisión hablando sobre la violencia de género al pueblo español en lugar de desperdiciarlo respondiendo acusaciones de oposición?
¿Quién tiene que reaccionar y responder? ¡Necesito respuestas! ¡Me mortifiqué horrible! ¡Me malogré el día! ¿Quién debe decirle a los redactores de los Noticiarios que informen –objetivamente– asuntos que nos hagan avanzar como civilización, y no retroceder, por atroces que sean? ¿O más bien por lo mismo? ¿Por qué Homosexual, Ecuatoriano y Mujer Maltratada y no: Padre de Familia, Gerente y Empresaria? ¿Quién decide la etiqueta? ¿No era éste el primer mundo? No te vuelve a joder…
¡Ya estoy indignadísima y no puedo dejar la posición tetera! ¡Perderé el glamour en cualquier momento! Así que los dejo: He decidido comprar la lotería. Me arreglaré el día. Sí. Me pondré mi camuflado rosa y saldré animosamente saludando y sonriendo a todos por la calle como si fuera mi cumpleaños. Además, como soy minoría marginal en una de esas me toca. ¿Qué creían? ¿Que eso no es una ventaja? ¡Já! Y pido, desde este humilde medio, que cuando gane, MI titular no tenga cierto tufillo a discriminación. ¿No se dan cuenta que eso ya está out? ¡Ya no se usa! ¿O no? ¿O todo son sólo ideas mías?

Big Brother is watchin’ U



Me gusta MTV. Y eso no es lo peor del caso: me he desengañado de su mensaje progre y me sigue gustando. No sé qué tiene MTV. Es como si sacara todo lo bueno y lo malo del ser humano llámese espectador. Así como quien tira todo del escaparate al carrito de la compra sin ver, lanzan a la piscina programas y que la gente imagine lo que quiera. El problema con esto, –me pongo institucional– “Queridos Señores de MTV”, es que hay que tener cuidado con las imágenes… porque la gente se las imagina y las imita. En fin… MTV para mí; mi Ying, mi Yang, mi Kundalini, mi chacra Swadisthan… –¡me salió en verso!–. No quiero empezar con el debate de la influencia de Jack Ass en los jóvenes de hoy, porque nos vamos ya a otro terreno y no me apetece en absoluto.
Yo conocí a MTV un día veraniego y muy caluroso; esos de hamaca, televisión y granizado con sorbete. Corrían en esa época los decadentes noventa –no pienso especificar qué año exacto porque revelo mi posible edad– y entre Raizónica y Nación Alternativa pasaron The Real Life: in San Francisco. De pronto, vi muchos jóvenes, desconocidos entre sí, seleccionados de un sorteo “abierto al público” –claro, como si fuera al azar…– rodeados de cámaras en una casa preciosa, con piscina con vistas bellísimas, amores, juergas, alcohol, desenfreno, fiestas, sexo, peleas, confesiones ante las cámaras. Yo miré extrañada chupando mi sorbete del granizado. Me quedé lela, zombie, casi me caigo de la hamaca: Era como si estuviera mirando un videoarte experimental o una mezcla de Vigilantes de La Playa (Baywatch para snobs como yo( con Las Brujas de Blair, ¿o una dramatización de las malas de un crimen de Misterios sin Resolver? Esa sensación que algo intuyes, pero que no pertenece a este orden de cosas. Algo disonante, que chirriaba. Me incorporé para ver si no miraba Beverly Hills 90210 y mi corazón dio un vuelco. ¡Es de verdad! ¡Carajo! ¡Qué fuerte! ¡Los están filmando! Esto debe ser algo importado de Inglaterra: aseguré en voz alta moviendo el sorbete de arriba hacia abajo aplastando el hielo. Sólo la refinada decadencia británica puede (de)generar (en)esto. Me pareció de terror, y por lo mismo, me enganché de lleno a The Real Life ese verano. Nunca supe si fueron los pioneros los británicos o los norteamericanos, pero… una de las dos opciones tiene que haber sido. Ésa es una pregunta que siempre me ha quedado suelta: ¿Quién, en su sano juicio, pudo haber creado un sistema de programas como los reality shows? Pero no tengo a quién preguntársela. Si alguien lo sabe, por favor enviar un mail a la Redacción.
Va evolucionando esto de los realitys. Cada vez, algo nuevo. Si ya no es en una casa, si ahora es en África, si el público vota y participa desde casa. Toda una mutación de marketing estratégico. Una que los va viendo así por trocitos cada par de años, se van poniendo más y más deliciosamente asquerosos y decadentes. Los encierran, manejan todos sus movimientos y debilidades emocionales y físicas. El casting es extraordinario. Si el ambiente entre los “participantes” está de mal rollito, se aprovecha para sacar algo de carne que dé que hablar a todos los programas parásito que tiene el reality (tertulias, debates, chats: lo “rosa”). Para eso, suben el termostato para que se pongan más agresivos, o lo bajan, para que volverlos plastas humanas sumergidas en edredones nórdicos hablando mal hasta de su propia madre: ¡Hay que generar un conflicto, sino, no hay historia querida audiencia! Inclusive hay quienes están dispuestos a exponerse a cirugías plásticas como en Extreme Makeover o Cambio de Estilismo Extremo. La audiencia hambrienta exige cual jauría más a una metarealidad que no pertenece a su propio orden de las cosas. El público odia, ama, sufre, defiende, se mete en la vida de gente que se ofrece a ser carne de cañón. ¿Por qué? ¡Porque Big Brother is watchin’ U!
Los famosos y “aspirantes a” venden su vida a precios altísimos y bajísimos, y les/nos encanta, son tan decadentes. Y ahora lo más barroco y avant garde son Las Galas. Con coca y alcohol si te encierran en un Hotel de Lujo, con gallinas si te encierran en una Granja, con comida si te encierran en una Cocina, y lo más folklórico: Con los familiares. Sí. Con los padres y madres de los concursantes que quieren ganar un suculento premio o un sitiecito en un programa rosa parásito. El precio: Que te encierren en cualquier casa vendiendo tus sentimientos o, como suelen decir, en un programa de convivencia o un experimento sociológico, tomemos por ejemplo a Gran Hermano. En La Gala todos los familiares allí; tan anchos, peleándose entre ellos, jugando al Nominator desde fuera, generando otra metarealidad paralela y desconocida para los participantes que están dentro de La Casa (dudo mas bien dentro de la Caja Boba o será simple coincidencia que rima). Se sumergen en tal caos e hipocresía, con tal vulgaridad y mal gusto que La Terremoto de Alcorcón es La Dietrich al lado de tremenda tribu de familiares que desfilan y se sacan los ojos por figurar. O amigos, o amigos de los amigos, o ex novios; cualquier lazo que los una es una invitación a un bolo (pagado claro) en un programa hongo de televisión, donde el supuesto león es sorprendido y devorado por fieras con más tablas y escena. En fin, sin ponernos apocalípticos: en otro orden de las cosas, así como en un teatro: “Teatro, lo tuyo es puro teatro, falsedad bien ensayada, estudiado simulacro…” Tarareaba yo, creyéndome La Lupe mientras miraba en MI tele La Gala de Gran Hermano.
Lo más lindo es que son tan inocentes, que se la creen. Como yo, que me la creo, por completo. Es más, me encanta ver La Gala de Gran Hermano, granizado y sorbete en mano –¡me salió en verso de nuevo!–. Aunque confieso que Mercedes Milá estaba bastante insufrible con lo del tabaco, y la vestían pésimo en La última edición. Me daba risa, ella, periodista seria, decía en un momento furibunda ¡NO al tabaco! y al regreso de publicidad decía que estaba ¡ENGANCHADA al “24 horas del Gran Hermano”! ¿Cuál recomendación es menos dañina para el cerebro y por ende, para la sociedad? Como si veinticuatro horas de ver Gran Hermano no pudiera ser la causante de un derrame, o mínimo, un atrofia neuronal. Y a cortísimo plazo, no como el tabaco que mata lento. ¡Uy! ¡Ya me asusté, soy peor que ella! Al menos ella lo ve como experimento sociológico y yo porque me da morbo.
Lo entendí todo: ¡YO SOY PARTE DEL EXPERIMENTO SOCIOLÓGICO! ¡Si hasta he votado con sms con coste adicional para echar a alguien de la casa a escondidas! ¡Qué bajo caí! Estoy aterrada. ¿Cuál es mi verdadero orden de las cosas? Tengo que ir a terapia ya. Ahora entiendo el mensaje: ¡Big Brother is watchin’ U! Es decir, en castizo: ¡El Gran Hermano te vigila!, es decir: A MI. Es decir… ¿QUIÉN ES GRAN HERMANO? ¿DIOS? ¿QUIÉN ES DIOS? ¿ERA EN SERIO QUE EXISTÍA? ¡Me voy corriendo a la peluquería para que me arreglen la cabeza!

Cómo comprar una tele en territorio en guerra en V.O.S.E.






Cuando llegué a este país y empecé a adoptar los vicios costumbristas ibéricos, me asusté al principio –y bastante–, confiésoles. Poco a poco me empecé a adaptar y necesitaba MI tele. Hasta que por fin llegó el día de su compra. Recuerdo el día con cariño... Caminaba a la tienda feliz en aquel día soleado de Septiembre… Era MI primera tele en Madrid. Entré levitando de felicidad a la tienda cual bailarina rusa, mientras los televisores emitían una imagen dantesca neosurrealista: Se caían los edificios del World Trade Center mientras aviones de American Airlines se estrellaban directamente dando en la diana para partirlos en dos. “Ah, ésto era el primer mundo, qué buenos efectos especiales, qué buena trama, el talón de Aquiles, el pánico. Bien estilo Orson Welles… ¿O será alemán, o francés o danés...? No… Esto de Dogma no tiene nada… Tanta peli por ver, tanta… Ya estoy en Madrid…”, diletaba en mi soliloquio mientras esperaba al vendedor que nunca se acercó. La elegí sola –una sabe de telecomunicaciones, hay que saber casi todo, como una chica Cosmo o Macgiver–, la pagué mientras toda la tienda miraba las pantallas que proyectaban la misma película, y salí hacia la acera con mi caja de cartón, esquivando peatones que corrían con demasiada prisa sin dejar el móvil. “Ah, aquí las cosas se mueven más rápido, es una Capital del Primer Mundo”, pensaba tratando de hacer equilibrio cargando el paquete. Cogí un taxi, me dio ochenta vueltas y me cobró el precio de MI tele, un poco menos quizá.
Subí tropezando, abrí la caja con dos estocadas perfectas en cruz, y estaban ahí, esperándome preciosas y olorosas; las bolitas blancas en forma de maní, del que comen los elefantes. Me sumergí a bucear frenética en el cotillón blanco, la encontré, le sacudí el polvillo y con cierta torpeza la conecté. Esta última operación tomó su tiempo; es que hay que acostumbrarse a las diversas tecnologías… Conocí a los famosos euroconectores, que me desconcertaron un poco al principio, porque yo me había quedado en line in/line out y antena/in antena/out… Pero en fin, ese no es el caso.
Finalmente, mando en mano, me senté en un improvisado sofá y la encendí. Al hacerlo todos los canales seguían pasando las mismas escenas de la película que había visto en la tienda, hasta que cayó la ficha, era la realidad joder. Y dicen que es mentira lo de la Ley de Murphy… Ya la guerra no me interesaba, ni los muertos, ni los aviones. Estaba indignadísima y sólo podía pensar en lo frustrada que me sentía. Y eso que mis amigos dicen que tengo “alma de filántropa”. Pero qué escándalo, ¡no podía más! La tele conectada, funcionado, linda además y sólo la Dos pasaba películas españolas de las viejas, lo demás, era la guerra, la guerra, la guerra; ¡ya estaba harta! ¡Era todo demasiado simbólico!
Pero la tormenta siempre escampa, regresó la vida normal y la gente se olvidó de todo, pues, como siempre. Pero ahí, empezó mi guerra personal contra mis yos (es que tengo varios). Ésa también se perfila como guerra civil. Les cuento un poco: Los Latinoamericanos, por desgracia, hemos heredado mucho de la cultura Yanquee, y por suerte, una de ellas es ver las películas en su idioma original y con subtítulos en español, si es necesario.
¿Me dejé entender? ¡Toda la programación de MI tele nueva estaba doblada al castellano! ¡Violaba todos mis principios como declarada y abanderada cinéfila! ¿Me había comprado MI tele para ésto? Por más que le daba al mando no había una sola emisora que pasara las películas como se debe según yo, ergo con respeto a los creadores; que nadie se sienta ofendido si piensa de otra manera. ¡No me cambien la pregunta! Bastante tengo con ésta. Lo único que quiero es que se pongan en mi pellejo y se pregunten con todo lo que les he contado: ¿Como se hubieran sentido ustedes? ¿No se habrían indignado? Yo, me aferraba a las cuentas de las perlas de Mallorca de la in-dig-na-ción. Casi las rompo en un ataque de furia para que rodaran dramáticamente por el suelo, y llorar mientras las lágrimas me destruyan el maquillaje y recogerlas una a una, y el rimmel negro chorreando sobre mis cachetes. Pero decidí hacerlo con los plastiquitos en forma de maní de elefante. Menos dama, igual catarsis.
Sólo me reconformaba la escena de "Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios" donde Carmen Maura está doblando una película, pero esa escena tiene FINES ARTISTICOS PARA LA RESOLUCION DE LA PELICULA. Almodovar no deja cabo suelto.
Ese cambio cultural me sentó fatal. ¡Llegué inclusive una noche a ver entera una película de actores latinoamericanos con doblaje de acento español! Sé que hay un debate eterno en este tema, y no pretendo criticar a nadie, que la gente vea como quiera su película, pero no puedo dejar de meter una espinita. Como cuando te hablan de toros y uno tiene que manifestar de manera sutil que no está de acuerdo. Además, estoy en mi derecho: mis amigos españoles dicen que les da risa mi acento porque les sueno a dibujo animado de la tele de su niñez, es decir, dicen que hablo Marco o Heidi.
Regresando a lo que me acontecía… Estaba en crisis, sí, pero como una tiene sus recursos de autoayuda, decidí empezar a coleccionar DVDs. Me hice adicta a las colecciones de todos los diarios y pedía DVDs por Internet y por teléfono o me iba a la OfertaFnac. Poco a poco durante estos años, he logrado una envidiable colección de DVDs. Están ordenados de dos maneras: Alfabéticamente y Cine de Autor. Y están colocados en sus repisas especiales con mucho cariño y afecto. Les quito el polvo gallardo y madrileño una vez a la semana, y cuando uno nuevo llega, es inmediatamente catalogado y colocado en el lugar correspondiente junto a sus compañeros de piso.
Pero como los recursos de autoayuda nunca funcionan –ya en el término mismo está la catástrofe del sistema: ¿Cómo nos vamos a ayudar si estamos hechos mierda? Pues pasó lo mismo conmigo. Me iluminé, sucedió como una epifanía. Ayer, miraba en MI tele una peli bonita, medio cursi, pero bonita: El Club de Los Poetas Muertos, que tengo por cierto en mi colección. La transmitían claro, doblada al castellano. Yo con dos opciones: Sacar mi DVD y verla como me gustan ver a mí las películas, o la segunda: verla doblada al castellano. En V.O.S.E.. En Versión Original Subtitulada al Español, o en Usted, si lo leemos en varias lenguas… Y recuperar así mi inversión en DVDs y mis principios artísticos.
¿Se preguntan cuál fue mi opción? ¡Vamos, pregúntenme algo! ¿Cuál fue mi opción? Pues esa pregunta, quedará abierta.

Yo me pregunto, sobre la Televisión...




Lo primero que se me viene a la mente es el famoso dicho: la caja boba. La televisión es una caja boba de la cual el Ser-Humano-Actual, sea o nómbresele post-moderno, progre, aristócrata, proletario o pequeño, mediano o gran burgués, depende. Sujeto y Verbo importante. Algunos trozos del María Moliner:
televisión Sistema de transmisión de imágenes a distancia, mediante las ondas hertzianas; las imágenes se reproducen sobre una pantalla en el aparato receptor. Conjunto de los conocimientos, actividad, relacionados con esa transmisión. Caja tonta, pequeña pantalla, tele, televisor. Anuncio, culebrón, magacín, programación, reality show, serie, spot, telebasura, telecomedia, telediario, telefilm, teleserie. Editor, presentador. Audiencia, telespectador, televidente. Teleadicto. Cuota de pantalla. Emitir, programar, retransmitir, televisar. Prime time. Zapping. Parásito.
depender Estar una cosa con otra en tal relación que esta otra determina que aquella se realice o no se realice o que se realice de una manera o de otra. Estar una persona sometida a la autoridad o a la voluntad de otra.
televisivo. Apto para ser televisado.
¿Terrorífico por partes no? Ahí cuando menciona lo la dependencia llevada in extremis: “Tengo poder sobre ti y dependes de mí” o “Dependo de ti y tienes poder sobre mí” ¿Qué es peor? ¿Lo de las ondas hertzianas? ¿Lo de apto para ser televisado o el lindo catálogo semántico que nos muestra María? Qué miedo. Se me enrulan las pestañas postizas mientras lo releo.
Da igual el telespectador, pertenece a cualquier grupo o castas nombradas anteriormente, porque si algo no le podemos quitar a la televisión es su fama, comparable sólo con la de la Coca Cola, disponible en millones de escaparates. Y está ahí ella: “la tele”, como cariñosamente la llamamos, oronda ella, centrando el orden de los muebles de cualquier salón. Linda, sea de pantalla plana y sintonizador digital. O panzona, marrón y sesentera. O un híbrido, porque lo retro está de moda. Y esto sí que es de Hitchcock: la decoración y disposición de los muebles en los hogares actuales también DEPENDE de la ubicación de la “la tele”. ¡Somos un microsistema teleadicto! ¡Hasta los muebles! No interesa cómo pero “la tele” está ahí, universal, cosmopolita y amenazante, para embobarnos, supuestamente. Yo creo que no se necesita una tele para sentirse idiota, pero bueno, no es el caso.
Aquí en Madrid escucho mucho la frase: “¿Estás tonto?” ¿No será -yo me pregunto y eso no tiene que ser un axioma aunque me encantara que lo fuese- que: no era tonto, ése que pensamos que lo es, sino era “la tele”? ¿No será, por alguna casualidad, por pequeña que sea, haya visto Verano Azul o La Casita de La Pradera (ergo Familia Ingalls) de pequeño (me incluyo en el saco, ya empecé a confesar…) y se le haya pegado “lo tonto”? ¿O no será que el padre, la madre, el abuelo, la abuela son culebrones-dependientes? Todo se hereda… Digo, suelto la pregunta nomás, no tiene que haber un patrón genético ¿O si lo hay?
Además, la televisión no puede ser boba. Es un “sistema de transmisión de imágenes a distancia mediante las ondas hertzianas”. La televisión es una droga, por naturaleza adictiva, lo cual la hace sumamente inteligente y privilegiada. Focalizando: Las drogas son vanguardistas, se mutan, como un virus, creando al Super-Hombre en versión tecnológica, es invencible.
Entonces, queda demostrado, no es ni caja, ni boba. ¿Riesgos? Hay, no es juego de tontos.
Y ahí acabo mi primera pregunta sobre “la tele”, gracias a Buda, Mahoma, Madonna, Jehová, Thor o Tutatis. Que no me pase lo que sucede en la política nacional desde fines del año pasado. ¿Qué veían en “la tele” los padres políticos de esta nación? ¿Tenían una? ¿Fraga la trajo? ¿Me compro el libro de Aznar: “De Fraga a Bush”? ¿Qué creen ellos que deba ser televisivo? Habría que preguntarles… No yo, otra persona, porque… ¿quién soy yo para estar preguntándome cosas? Si soy una estadística más que pasan en las teleencuestas de “la tele”, perteneciente a una minoría conformista con ver la patética programación de la Uno, La Dos y los Diez Mandamientos.

lunes, 11 de febrero de 2008

¿Pelos?


No lo puedo evitar ni un día más. Hoy tengo que volver a vivir ese rito desagradable que debemos sufrir las mujeres cada vez que miramos hacia abajo y nuestras piernas empiezan a parecerse a las de Ronaldo, -y no exactamente por lo “buenas y firmes” que están- ¡sino por lo peludas que se encuentran!

Cojo el teléfono y hablo con la peluquería que mes a mes se alegra mucho de darme el turno y de hacerme “feliz” por dejarme “suavecita”... Solo escucho: hoy imposible, estamos a tope. En ese preciso momento me desmayo. NO PUEDE SER!!!!! Esta noche tengo planeada noche de romance... ¿Qué hago? Sigo hablando con Lola intentando convencerla, le ruego, pido a la hora de comer, que le pago el doble. No hay manera.

Cuelgo el teléfono y entro en crisis, ¿tener que buscar una nueva persona a la cual enseñarle lo masculinas que podemos ponernos las mujeres?, o tener el coraje de ir al súper y hacerlo yo misma. Lo pienso por un momento y defino que no debe de ser tan difícil, después de todo es solo quitarse los pelos, ¿Tan complicado puede ser?

Me voy al súper que está a la vuelta de casa, entro directa a la sección de “baño” y me encuentro con toda una variopinta oferta de distintos tipos de cera depilatoria: la fría, la caliente, la de miel de abeja, la de aloe vera, la que se puede usar en el microondas, la de cocina, la de barra grande, mediana o pequeña, la que es para piel sensible o para piel seca, en fin, empieza otro momento de decisión...(y lo más complicado es que no hay la cera color rosa que es la que usa Lola conmigo en la peluquería). No pasa nada, respiro profundo y empiezo a coger las que más me “convencen”. Como no tengo ni idea, no puedo decidirme por una sola, así que compro varias.

Ya en casa, expongo todas las que compré y empiezo a probarlas... Madre mía ¡qué dolor!, dejo las dos ceras frías y empiezo con las tibias, ¡qué difícil es esto! El rodillo no da del todo la vuelta... ¿lo tendré que pegar más? Cojo la otra cera tibia de aloe vera, la abro la uso en posición perpendicular a la pierna, tal cual dice el dibujo de “modo FÁCIL de usar” y no sale de manera homogénea; eso sí, duele menos que la fría. Sigo intentándolo, quizá sea porque apenas está empezando a salir la cera. Me contorsiono para intentar depilarme la parte de atrás de las piernas, todo se pega, la banda se cae, pero yo insisto, no hay nada que pueda aplacar mis ganas de tener esta noche de romance al más viejo estilo de Casablanca. Continúo con la faena. Paro por un momento, ya que, de tanto contorsionarme, me duele el cuello, la espalda y las rodillas, repaso con la mirada mis piernas y veo que donde me he depilado con la cera fría tengo los poros irritados, y las zonas de cera tibia están rojas, busco entre las ceras que me faltan probar y cojo la caliente para piel sensible. Derrito la cera y vuelvo a mi improvisado salón de belleza en el suelo del baño, sigo con la contorsión para llegar a todas las zonas de las piernas, esta, definitivamente, duele menos que las anteriores; lo que sí es seguro es que la toalla que puse de base no la podré usar más, puesto que está llena de gotas de cera caliente. Yo continúo... luego de 5 horas, 32 minutos y 5 tipos diferentes de cera depilatoria puedo decir que he triunfado, soy nuevamente una mujer sin pelos.

Escucho la puerta y ahí está él, con la corbata torcida, los pelos revoloteados y hecho polvo. Y ahí estoy yo, sin un pelo en las piernas, sentada sobre una toalla hecha puré con la peor de mis bragas puesta y todo el baño hecho un desastre, esperando a que nada de esto arruine mi tan esperada noche de romance.

Número Equivocado


Estas en la tienda donde trabajas como dependienta, tan tranquila, un sábado por la tarde... hay poca gente es un fin de semana atípico, te acuerdas de tu amorcito, quieres hablar con el, en un acto impulsivo, marcas el numero de la casa nueva y esperas a que atienda.... suena una voz de mujer...”si?”, repasas rápidamente el nuevo número y te das cuenta que te has equivocado pides disculpas, cuelgas el teléfono y vuelves a marcar....

Ahora si es el... hablan un buen rato como si no se hubieran visto en mucho tiempo, (en realidad dormiste con el, tomaron desayuno juntos hicieron las compras y te viniste a trabajar a la tienda por la tarde, pero es que el amor es así....) Entran clientes, debes colgar para atenderlos.

Terminas de envolver lo que compraron y suena el teléfono de la tienda, piensas que es él, que no puede vivir sin ti..... pones el auricular en tu oreja y solo escuchas: “que te has creído??? Sabes que día y que hora es? Y piensas: si! Pero antes de que puedas decir nada sigues escuchando del otro lado del auricular: “es sábado, son las 6 y 10 de la tarde y tu me has despertado de la siesta!!” Pero será posible, te dices para ti misma, mientras intentas entender de que se trata esta llamada... es la voz de un señor mayor, evidentemente muy cabreado, que te esta echando la culpa de haberlo despertado de su sagrada siesta de sábado a las 6:10 de la tarde. Atinas a contestar: “lo siento señor pero me parece que se ha equivocado” a lo que responde el indignado personaje: No me he equivocado, este es el numero que hace 15 minutos llamo a mi casa y fue usted la que se equivocó!” Reaccionas, y caes en que es cierto tu te equivocaste cuando querías llamara a tu amorcito para conversar con el y decirle cuanto le querías....... un grito del otro lado te hace regresar a este momento surrealista y dices: Señor, yo me equivoque si, pero me atendió una mujer a la cual ya pedí disculpas”

Siguen gritos y puteadas del otro lado del auricular, mientras entran nuevos clientes a la tienda, les sonríes, intentas poner el aparato lo mas pegado posible a tu oreja para que no escuchen el escándalo que te están montando, con una sonrisa en la boca para que nadie sospeche dices: Bueno nuevamente le pido disculpas y ahora si me permite debo colgar, y trancas.

Enseñas 2 ó 3 cositas que el cliente te pide, vendes una de ellas, estas en la mitad de la transacción y no pasa la tarjeta, pues tienes una llamada nuevamente entrando... sin perder la sonrisa y rogando a todos los santos para que no sea el impertinente señor contestas con la típica frase que nos enseñaron los norteamericanos que debes decir si lo que quieres lograr es que la gente se acuerde de tu marca. No terminas ni de decirla y empiezan los gritos de un desaforado señor mayor cada vez más alterado. Tu sigues sonriendo sin soltar una palabra. Sigues con el auricular en la oreja y sin poder mantener más la sonrisa de la manera perfecta como la tenías. Estas empezando a pensar que este señor se esta pasando un poquito, vuelves a ver al cliente volviendo la sonrisa a tu rostro, y con la mayor calma de la que eres capaz, dices: ¿Puede usted volver a llamar en otro momento para poder conversar mas calmados? En este momento estoy atendiendo a un cliente y debo colgarle, muchas gracias! Adiós. Trancas, inmediatamente pasas la tarjeta por el TPV, pones la cifra y ruegas a que te de tiempo de pasar antes de que vuelva a sonar el teléfono: “operación aceptada” lees en el data fono. Sigues con la sonrisa, terminas con el cliente y cuando este está saliendo de la tienda, vuelves a escuchar ¡¡riiiingg, riiiingg!!.

Misma frase, mismo señor del otro lado, sigue gritando sin parar y culpándote de haberlo despertado de su siesta no deja de decirte que como te has atrevido a hacerlo, bla, bla, bla. Tu crees que ya todo se fue un poco a la mierda. No tienes porque seguir tolerando a este viejo neurótico como si fuera cosa sagrada hacer siesta el sábado a las 6:10 de la tarde y lo que es peor, que no puedas equivocarte en marcar un número de teléfono. Así que respiras profundo y sueltas lo primero que te viene a la boca: “Mire señor, primero no es mi culpa que me haya equivocado al marcar, en todo caso ya le pedí disculpas. Segundo lamento mucho haberlo despertado de su siesta, pero tampoco me diga que es normal hacer siesta un sábado pasadas las 6 de la tarde. Tercero si usted es tan complicado que no puede volverse a dormir y continuar con su siesta, y como me ha dicho usted antes, que meta bien los dedos, pues coja a su mujer, métale bien los dedos y pásenla en grande en lugar de estar perdiendo su dinero en llamarme a mi y hacerme perder el tiempo con gilipolleces como las que me hace escuchar. Que tenga un buen día. Hasta luego!”

Trancas el teléfono, y no puedes creer el estado emocional en el que te ha dejado este episodio, y tratando de acordarte como fue que llegaste a verte metida en esto, te acuerdas que fue por que quisiste hablar con tu amorcito. Si y por un instante intentas dibujar una sonrisa en tu boca, pero inmediatamente vuelves a tu mal rollo y determinas que todos los hombres son unos idiotas amargados, que nunca tendrán ni la más mínima idea de cómo tratar a las mujeres, y que se pueden ir todos a la mismísima..... Suena el teléfono ya no usas la frase americana sino un simple QUE QUIERES AHORA? Y del otro lado se siente un silencio y luego una linda y tierna voz familiar que te esta intentando seducir con palabras bonitas a lo que tu muy cabreada respondes, “déjame en paz que todos ustedes son iguales! Y cuelgas.....

Pertenecer a un todo


Hay días en los que amaneces y simplemente te sientes fuera del planeta. Miras a tu alrededor y te das cuenta de que eres una clase de “marciana” y que el resto de las personas son todas iguales entre sí, pero totalmente distintas a ti. Hoy estás de buen humor y con todas las ganas de “triunfar”.

Sabes que te enfrentas inevitablemente a tu rutina de lo que, supuestamente, es normal en tu día a día. Igualmente intentas seguir, durante más tiempo, permaneciendo en este sueño de “no pertenecer” por ser “La diferente” para evitar esa especie de pesadilla que significa sentirse “parte de un todo”.
Vas al baño, te lavas la cara, cepillas tus dientes y vas a la cocina. Calientas la leche mientras pasas el café y disfrutando su aroma, comienzas con el auto análisis: “Hoy voy a lograr todas las cosas que tengo pensado realizar desde hace mucho tiempo. Me apuntaré al gimnasio, comenzaré una dieta equilibrada, buscaré un trabajo que realmente me haga sentir útil y tenga que ver, al menos en algo, con la carrera que mis padres me han pagado en la universidad..., etc”.

De pronto sientes en la cocina a alguien que quita de tus manos la taza de café, sales inmediatamente del estado “individual” en el que te encontrabas y te tropiezas con tu compi de piso, en calzoncillos y con una patética cara de recién levantado, diciéndote: “¿Qué hay tronca? Ayer, por haberte quedado viendo TV hasta las tantas, no me has dejado dormir ni un poco... y esta mañana, con esto de levantarte temprano y preparar café, me has despertado de mala leche, joder”. Y sin más se toma tu café, deja la taza en el fregadero y se va de la cocina.

Cuentas hasta diez y respiras profundo. Nadie va a arruinarte este día tan especial en el que te encuentras. Coges la taza, la lavas, sirves nuevamente tu leche, la metes al micro, la calientas, le pones café y te dispones nuevamente a tomar tu desayuno. En ese mismo instante aparece tu novio, vestido de traje y esa corbata verde espantosa que tiene que usar todos los días para que todo el mundo (que pertenece a un todo) sepa exactamente dónde trabaja, y te dice: “¡Buenos días cari!... Ayer he sentido que te has acostado bastante tarde. ¡Gracias por prepararme el café!”. Lo toma sin más, te da un beso y te dice: “Ah!... no te olvides de traer algunas cervecitas cuando vayas a la compra, ya que mañana vendrán mis colegas para discutir el cuadro de la “última cena” desde la perspectiva del “Código Da Vinci”. Tú, medio aturdida y sin poder emitir palabra alguna, haces un gesto de asentimiento con la cabeza, le devuelves el beso y te dispones, por tercera vez en este día (al cual “no perteneces”), a seguir en tu estado celestial e intentar, en algún momento de la mañana, poder tomar tu café...

Lavas la romántica cafetera que compraste cuando te mudaste con tu novio, que hace “solo café para dos”, y vuelves a empezar aquel rito matinal de poner agua en la parte inferior de la cafetera, colocar el embudo, llenarlo de café, cerrarlo, encender la cocina, ponerlo a fuego lento y esperar... Coges aquella taza que te regaló tu novio, lees la inscripción que dice: “Eres lo más”, y en ese instante piensas: “¡Si, claro! Coges el brik de leche, lo vas a servir... no hay más... “¡me cago en la puta!”. Apagas la cocina, ya que para ti, si no hay leche, tampoco hay café y vas al baño. Apenas puedes pasar y, esquivando toallas mojadas, pisas un charco de agua que recuerda inmediatamente la cara de tu simpático compi de piso que se acababa de bañar... Te quitas el pijama, te metes en la ducha... no hay más agua caliente. Maldices, terminas el baño, te secas, te vistes, coges el bolso y el móvil, abres la puerta, la cierras con ganas, bajas las escaleras y te encuentras con tu conserje, que te dice: “¡Buenos días!”. Y tu respondes: “¡¡¡¿Buenos Días?!!! ¡¡¡¿Pero, qué tienen de buenos?!!! ¡¡¡Me cago en la leche!!!... Y en ese mismo instante, vuelves a “pertenecer a un todo”.